Las redes sociales y sus consecuencias en las generaciones actuales

En el siglo pasado sendos escritores desde Georg Orwell hasta Aldous Huxley fueron los creadores de obras maestras sobre la distopía, como la lectura de un mundo futurista y pesimista, de imposición y coacción a distancia hacia la población, por medio de las tecnologías al servicio del régimen establecido. No obstante que en su momento las posiblidades de control no eran ni lejanamente comparables con hoy, la mera idea de un control social delegado a través de los medios de comunicación no es una novedad en sí, aunque si la proyección que estos autores en particulares hacían del futuro.

Viendo el presente desde esta perspectiva resulta por lo mismo asombroso y algo angustiante ver que en parte estas premisas se están materializando en formas incluso superando la fantasía decimonónica, la prepotencia de unos grandes conglomerados de redes sociales que aglutinan en su tracto la vida social de una generación entera, que hoy se suele denominar los millenials, hijos de la era de Facebook y Twitter, que no conocen o solamente de lejos los métodos pre-digitales de entretenimiento y los placeres de la lectura en papel.

Al mismo tiempo la creciente tendencia hacia los símbolos para sustituir las palabras, la abreviación del lenguaje a códigos muy distantes de toda comunicación natural, y el creciente dogma de la brevedad, han hecho que los que hoy día tienen 35 años y menos se ven cada vez más inmersos en una cultura de la simplificación hasta lo absurdo, en franco detrimento de la misma riqueza del idioma como de la pluralidad de los modos de comunicación. Los argumentos rara vez entran en grados de complejidad mayor, puesto que desde que el video es el canal de aculturamiento y adquisición de nueva información, estos no pueden superar los tres a cinco minutos, por la misma razón de que la capacidad de asimilación no rebasa estos términos.

social-media-and-ecommerceEs por ello que en pos de una sociedad que está por un lado hiperconectada, pero por el otro lado no se quiere adentrar en ninguna discusión semántica de mayor hondura, es el arquetipo de una sociedad acrítica, y muchas veces ignorante de muchos procesos y sucesos, al menos  que no sean un trending topic del momento. Estos momentos no suelen ser de gran extensión, lejos de ello, rápidamente pasan a segundo plano, sin volver a hacerle seguimiento alguno, siendo está la índole actual en el flujo de información en la red.

Lo que es ante todo paradójico es que en la historia se ha tenido acceso a tanta información de forma tan inmediata, mientras que la capacidad de atención va en franco decrecimiento, cuando ésta podría ser la generación mejor informada y más consecuente en sus posturas y en sus acciones. Parece ser que la cultura cibernética no acompaña a la existencia de un mar de información disponible, pero ignorada por su extensión o grado de complejidad, superior a los 140 caracteres de un tweet.

Ante esta evidencia de las cosas la reflexión conclusiva no sale de la terrible  constatación sobre la regresión de la cultura como se ha concebido por décadas y siglos, que a la luz de hoy parece desfazada y anticuada. Ante el aparente nuevo status-quo queda claro que tan sólo una ínfima minoría se aprovecha de las tecnologías con un sentido humanista, y mucho menos con un afán de conservar el hábito de la lectura y del enriquecimiento del intelecto. Como observadores de este proceso inexorable y fuertemente encauzado, sólo queda la resistencia y la pervivencia de aquello que se pueda rescatar en el tiempo.

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